sábado, 2 de octubre de 2010

Habría

Si Carlos hubiera sabido que a las 3:46 de la madrugada del martes él, su esposa y sus tres chiquitos morirían por inhalación de monóxido de carbono, habría aprovechado las últimas horas de su vida para hacer aquellas cosas que le quedaban pendientes. Le habría dicho a su mujer cuánto la quería, la habría besado con pasión como no lo hacía desde hace tiempo. Le habría dicho a sus chiquitos lo que ellos representaban en su vida: todo.

Los habría abrazado infinitamente con lágrimas en los ojos, pidiéndoles perdón por esas tardes de malhumor en que los castigaba y los obligaba a encerrarse en su cuarto, prohibiéndoles la televisión. Les habría señalado, en cambio, lo orgulloso que estaba de ellos, lo felices que su esposa y él estaban de verlos crecer, cada día más grandes y señores. Les habría declarado, otra vez, todo su amor; que la causa de su existencia, que el motivo de su felicidad, eran sus sonrisas y que ninguna otra cosa le importaba más que verlos reir.

Les habría dicho que sí, que cómo no, que esta noche se quedaría jugando con ellos. Los habría dejado quedarse despiertos hasta la hora que quisiesen y hasta les habría permitido faltar al colegio, los habría llevado a la plaza a comer todos los copos de nieve que ellos quisiesen y las caries, esa vez, no importarían.

Aunque todo esto al pedo. Quizá Carlos solo le habría contestado que sí a su mujer, que la apagase, que no era una noche tan fría, y que volviese a la cama a dormir, que mañana se tendrían que levantar ambos muy temprano... Quizá Carlos solo habría apagado la estufa y abrigado con frazadas a su familia.

3 comentarios:

Catalina dijo...

Me encantó. Gracias por la magia de siempre.

Ayelen Evangelina Ponce Cativa dijo...

cruda,verdadera..
un saludo

Fernando dijo...

Impactante y real. Hay mucho para leer acá, te estaré visitando. Gracias por tu paso.