domingo, 13 de junio de 2010

Puede ser

"A." se sentía un campeón; comenzaba una historia con una muchacha más pequeña que él, que lo idolatraba y lo hacía sentir el hombre que todavía no era. Aunque "A." no estaba profundamente enganchado, el desafío paternal y la popularidad que esa rubia de ojitos celestes le brindaba en los pasillos del colegio pesaban en su balanza personal. A pesar de estar contento, en su grupo de amigos confesaba que aún algo le pasaba con Minerva.

Minerva se sentía una tonta, y desde que "A." la había dejado, hacía unos pocos meses atrás, lloraba casi todas las noches siéndole imposible apartar sus pensamientos de ese muchacho, a quien, decía, pretendía olvidar. Sus recreos, sus charlas con amigas, sus ratos libres, concluían siempre en él. Olvidarlo iba a ser díficil, lo sabía desde el mismo día en que rompieron. Minerva quería cerrar la historia, aunque no sabía bien cómo ni porqué, pero "A." ni siquiera le devolvía las miradas del pasillo, ignorándola, tratándola casi de usted. Esto indignaba cada vez más a Minerva, quien reunía y concentraba su bronca, ahora, en esta actitud.

Hasta que un día comprendió, quizá dolorosamente, que la estrategia de las miradas asesinas no surtirían efecto. Se dijo a sí misma que olvidarlo iba a ser imposible, que "A." nunca dejaría de ser parte de su vida, o no, por lo menos, súbitamente. Se sostuvo en algunas lágrimas y amigas, a quienes había aconsejado amorosamente en otro momento; ahora era ella quien las necesitaba. Minerva volvió a salir con sus amigas como nunca antes; hasta los jueves y domingos, y se logró mantenerse de pie con esta ayuda.

Con el tiempo, y casi de casualidad, a Minerva le cayó un "B.". De a poco, "B" le empezó a parecer un buen chico, luego a gustar. Llegó a quererlo y casi que a amarlo. Y eso irritó a "A.", quien creía en los pechos de su amada, que Minerva seguía estando a sus pies. Así, "A." empezó a ver a Minerva con otros ojos y al fin se dignó a hablarle, con esa voz y esa presencia que, sabía, la engatusaría. Nuevamente.

Y así fue. Minerva se sintió más confundida que nunca. En esta sus amigas no podían ayudarla. Tenía que tomar una desición. No se la esperaba; en el momento en que estaba creyendo olvidar, "A.", el muy hijo de puta de "A.", intentaba seducirla nuevamente, retenerla. Finalmente, era "A." o "B."

Pero Minerva eligió "C".

pd: hoy, diez años después, recuerda con odio a "A.". ¿O es cariño? Aún no lo sabe, y no cree ni espera ir a saberlo nunca.

3 comentarios:

Atenea dijo...

Minerva me recuerda a mí. Me gustó.
Un beso Darío.

Mariel dijo...

Qué difícil tomar esas decisions no?
En el día a día, va más allá de una simple historia de amor.
Me gusta, recurrente.

Te regalo mi resignación dijo...

Pude hacerlooo!!! Al fin... ahora si, soy más seguidora tuya que antes jajaja.
Gracias... (no es cualquier gracias, espero que no seas humilde y lo entiendas)... Besos Daro!!!