lunes, 15 de marzo de 2010

El primer día

Lo primero que pienso cuando repienso el día de hoy es el paso del tiempo. Pienso en lo lejos que imaginé este momento en toda mi vida cuando lo creía casi imposible e inalcanzable. Finalmente hoy empecé, hoy cursé, hoy hablé de cátedras, de finales, de presencias obligatorias, de módulos; en fin, hoy cambió gran parte de lo que hasta el año pasado era mi rutina. Hoy empecé una etapa nueva, quizá la última -académicamente hablando- y seguramente la más decisiva en cuanto a que va a definir lo que voy a ser y hacer el resto de mis días. Pienso en el cambio de ambiente, y por suerte la impresión que tengo ahora, ya de noche y escribiendo en mi cuarto, es, si se me permite decirlo así... “no negativa”. Pienso en lo mucho que va a haber de política en la carrera, en los lavados de cerebros, en los chupa medias que no van a faltar y va a haber que soportar escuchar (en este sentido, ya estoy por suerte advertido por mi cuñado); también en cuánta gente de distintos lugares, edades y colores.

Se me grabaron en la mente dos muchachas: una de Tierra del Fuego que vive hace tan sólo un mes en la Gran Capital y una chica aparentemente de Córdoba. Por cierto, las dos estaban igual de desconcertadas, aunque bien podría decir que los desconcertados éramos tres… O quizá más, porque varios nos encontrábamos en nuestro debut oficial como “universitarios”; se notaba, se respiraba en el ambiente. Ahora se me viene a la mente otra chica: un “bomboncito”. Esto fue una buena noticia, ya que mucho se hablaba en la previa de “las de medicina” y en la poca reputación que tienen las carreras humanísticas en cuanto a este tema se refiere. Cuando digo que “se hablaba” me refiero a las reuniones entre mis amigos del secundario y en los comentarios que se hacían en la previa a este primer día. La muchacha era morocha, discreta y parecía también bastante perdida; tampoco se preocupaba por fingir lo contrario. No dijo ni una palabra y apenas el profesor anunció el final de la clase, tomó su cartera y salió, primera, solemnme, por la puerta casi destruida del aula del tercer piso. Quizá coincidamos en alguna materia más, quizá no, quizá se haya arrepentido y no vuelva nunca más a pisar este edificio asqueroso y sami caído de Marcelo T.

Ahora se me ocurre hablar de la materia que cursé hoy: Historia Moderna Social y Contemporánea en la teoría; todos los procesos importantes desde la Revolución Industrial y Francesa en adelante en la práctica. La clase empezaba a las 9, y obviamente con mi amigo Rolo, compañero desde hoy de vida y de carrera, llegamos 25 minutos tarde. Para nuestra sorpresa la clase aún no había comenzado, aunque sí ya estaban todos acomodados en sus lugares: nosotros, fieles al fondo. Al rato llegaron dos profesores: uno flaco y viejo, y una gorda simpática. El viejo se largó a hablar y a comentar algunas cosas de la materia: nada relevante. Era el jefe de cátedra. Al rato se retiró y nos dejó con la que sería nuestra primer profesora de la facultad. La primera impresión es que va a haber que leer bastante, que los temas están buenos... y que no voy a tener que preocuparme por llegar a horario… Ah, dos curiosidades: la profesora usaba un proyector para ir enseñándonos mapas y cuadros y también usaba un micrófono. Llamativo.

Lo que comenté recién son los teóricos de la materia, supuestamente obligatorios aunque no se tome lista: curiosa metodología. Luego tuvimos los prácticos, algo así como una clase más personal, de menor cantidad de gente, y en donde dos ayudantes te tiran toda la información que pueden en el poco tiempo con el que cuentan. El ayudante era un tipo joven, y no por eso con menor concomiento. Mostró pasión por lo que exponía lo cual ilusiona. Cuando salí del edificio de la Facultad de Ciencias Sociales, Rolito estuvo gracioso, al sacarse la campera comentó: "Saliendo de Sociología, vos con barba y yo con una remera roja, ¿Quién lo hubiera dicho?" La verdad, nadie, pensé, pero no dije nada y me reí, con una risa sincera. Al menos por ahora -y sólo por ahora- no tenemos rastas.

¿Qué más? Pienso ahora en el edificio, en el movimiento de gente, en el aire político que se respira y se va a respirar: ya se hablaron de dos días de paro para esta semana. Pienso también en que me va a dar un poco de fiaca tener periodismo y sociología en un mismo día, pero eso es lo que elegí, y espero no arrepentirme.

4 comentarios:

locucho dijo...

Es el comienzo de una larga novela, muy jugosa, por cierto.

Catalina dijo...

"novela jugosa" jajajaja..

hermano dijo...

Da gusto leerte.

Escribis clara y correctamente.

Salvo un pasaje donde usaste dos veces consecutivamente los dos puntos, usás perfectamente los signos de puntuación y te preocupás por la ortografía (algo que no abunda).

Crítica: dale más vuelo al relato con metáforas... condimentalo más.

Ayelén B. dijo...

no lo veo a rolo con rastas, tienen demasiada mugre para él. me gusta tu mundo de palabras dari, me llevaron a lugares insospechados (: