sábado, 23 de enero de 2010

In fraganti II

Y no sé bien porqué sigo pensando en ese último beso. Será porque cada vez te siento más lejos. No sólo el beso; también tus ojos encontrándose con los míos, esa mirada sostenida; tu mueca ligera y tu sonrisa dulce, pero sutil, indescifrable, única. Recuerdo tu pelo, revuelto y hermoso, negro y profundo, también, como la palma de mis manos. Todas estas cosas se agitan en mi cabeza, vuelven a ella como si hubiesen sucedido ayer: un ayer siempre próximo, pero distante y remoto, cada vez más imposible e irrepetible. Tengo, ahora sí, temor, miedo, de tu reacción, de cómo puede ser el día en que nuestras miradas se vuelvan a cruzar. Sé que ese último encuentro no fue más que un robo, como ya dije, desleal pero amable, y no puedo abusar de él; mejor dicho no debiera hacerlo, aunque tristemente quizá ésta sea la única herramienta para acercarme otra vez a ti y sentir tus labios; tu sudor y saliva. Tu recuerdo, que alguna vez me impulsaba hacia adelante, hoy me retiene, me debilita, y me sugiere muchas -demasiadas- preguntas sin ninguna respuesta. Olvidar debiera ser, por ahora -sólo por ahora- el camino más seguro, aunque temo que este ya no sea una opción.

1 comentario:

Lean Buka dijo...

Sera mejor olvidarlo o afrontarlo para siempre y olvidar, ahi si, el problema?