lunes, 11 de agosto de 2008

Salvador Allende


Pocos hombres tienen la voluntad, la firmeza de luchar por lo que creen digno. Pocos hombres se sienten capases de modificar la historia. Pocos hombres lo intentan. Aquellos que lo hacen son rápidamente convertidos en símbolos, en cánticos, en imágenes. Son las banderas que enarbolará el pueblo en su lucha continua sobre la desigualdad, la pobreza, el hambre y la miseria, sobre las injusticias. Pocos intelectuales pueden ver la realidad, y muchos menos contradecirla, aspirar a un cambio. Otros, los más, se dan vuelta como panqueques. Las falsas democracias de hoy en día representan a la mayoría (¿la representan?), pero hasta qué punto los trabajadores son capaces de soportar las arbitrairedades de sus patrones. Hasta qué punto se puede vivir oprimido. Las propias armas de estas democracias se encargarán de derrumbarlas, pero qué díficil cuando estas falsas democracias son defendidas por el Imperio, allá arriba. ¿Por qué tanto odio al pensar diferente? ¿Porqué tanto deseo de poder?

Supo exponer sus ideas. Supo defender sus ideales. Supo mantenerse firme. Supo enamorar a un pueblo entero. Supo identificarse con él. Con sus carencias y necesidades. Supo sacarlo a la calle. Con sus sueños. Sus demandas. Supo hacer valer a los olvidados. Supo despertar a un pueblo. Supo enseñarles el camino. Supo, como supieron otros en otros tiempos. Supo valerse de integridad, en un mundo donde las circunstancias le eran adversas. Supo enfrentarse al enemigo, de frente y sin resquicios.

Salvador Allende fue un verdadero intérprete de la voluntad popular. Perseguía un sueño, un ideal. Una utopía. La utopía de millones, de los más. Algo irreal en este mundo virtual de hoy en día, lleno de imágenes y falsedades. En este mundo lejos del cambio. Pero por qué dejarse engañar. Por qué no salir, por qué no pelear. Por qué no luchar. Por qué no apostar por lo que uno cree. Por qué no ganarse un lugar en los libros... si los hombres sin historia son la historia.

Allende se suicidó con un tiro en la cabeza.

3 comentarios:

Fiorella dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fiorella dijo...

No hay palabras, no pasó con ninguno de tus textos. No sé si me refiero al contenido en sí, sino a la relación con la estructura, atónita (esa es la expresión que sostengo).
Mis puertas ya están abiertas, de acá a la Luna, si es necesario.
A mis amigos, a mis hermanos.
Lo que importa son los hechos, lo llevo en la mente ahora.
Quiero escribir con tu ser, y no un reporte.

locucho dijo...

Es otro ejemplo, de los que no abundan, pero no faltan. Vaya a saber uno en qué destino estamos encausados. Sólo sé que quizá caigamos en el error alguna vez, pero nunca en la traición, porque esta es voluntaria. Y tampoco en el olvido. Darito, te voy a seguir visitando, no debemos temer a la separación, sino decidirla, si esto pasara, respeto. Mientras tanto, no sé bien bajo qué techo nos veremos, pero cuando eso pase, volverá a ser especial. Un abrazo grande.