Y no sé bien porqué sigo pensando en ese último beso. Será porque cada vez te siento más lejos. No sólo el beso; también tus ojos encontrándose con los míos, esa mirada sostenida; tu mueca ligera y tu sonrisa dulce, pero sutil, indescifrable, única. Recuerdo tu pelo, revuelto y hermoso, negro y profundo, también, como la palma de mis manos. Todas estas cosas se agitan en mi cabeza, vuelven a ella como si hubiesen sucedido ayer: un ayer siempre próximo, pero distante y remoto, cada vez más imposible e irrepetible. Tengo, ahora sí, temor, miedo, de tu reacción, de cómo puede ser el día en que nuestras miradas se vuelvan a cruzar. Sé que ese último encuentro no fue más que un robo, como ya dije, desleal pero amable, y no puedo abusar de él; mejor dicho no debiera hacerlo, aunque tristemente quizá ésta sea la única herramienta para acercarme otra vez a ti y sentir tus labios; tu sudor y saliva. Tu recuerdo, que alguna vez me impulsaba hacia adelante, hoy me retiene, me debilita, y me sugiere muchas -demasiadas- preguntas sin ninguna respuesta. Olvidar debiera ser, por ahora -sólo por ahora- el camino más seguro, aunque temo que este ya no sea una opción.
sábado, 23 de enero de 2010
martes, 1 de diciembre de 2009
In fraganti
Hoy te robo un beso. Tengo la duda de cómo vas a reaccionar, pero resulta apasionado. Dura un minuto, quizá dos. Me permite mojarme otra vez con tus finos labios,volver a sentirlos. Te revuelvo el cabello como aquella vez en que te sentí mía por unos instantes. Intuyo, sé, que el delito debe consumarse rápidamente. La satisfacción es grande pero efímera. Volver a verte, besarte, me permite volver a renovar el recuerdo, mantenerlo vivo, hacerlo presente. Me decís que te estás yendo, pero poco me importa en ese momento. Tengo la ilusión de que te vas a acostar pensando en no haberte ido, en qué hubiese sucedido si te hubieses quedado, en fin, en que fue un robo desleal pero amable. Aunque también sé que lo más probable es que apenas recuerdes mi nombre y que pronto lo olvides si no lo has hecho ya. Pero de esto no estoy seguro y en imaginarme el abanico de posibles posibilidades encuentro el disfrute de mis días y mis solitarias noches.
Si algún día te vuelvo a ver, no reincidiré, lo prometo. Sólo lo haré de una cierta manera: que me lo pidas. Pero ese no es el problema, ni en él radican mis miedos: es que temo no volver a verte jamás.
Si algún día te vuelvo a ver, no reincidiré, lo prometo. Sólo lo haré de una cierta manera: que me lo pidas. Pero ese no es el problema, ni en él radican mis miedos: es que temo no volver a verte jamás.
sábado, 14 de noviembre de 2009
Absurdos
He decidido, después de cierto grado ínfimo de reflexión individual, revolucionar no sólo el mercado actual en cuanto a libros y textos de autoayuda y psicología se refiere, sino también hacer lo propio con el ambiente intelectual que anima toda esfera de la vida cotidiana.
Voy a hacer una publicación que se titulará "Los secretos de mi fracaso" y allí describiré y desarrollaré un sinnúmero de cualidades que me permitieron, en un corto período de tiempo, alcanzar un ostracismo el cual considero poco menos que irremediable. Entre ellas, se encuentran: una inseguridad excesiva, una torpeza exagerada, una sensibilidad desmesurada. Complementariamente, soy un ser demasiado introvertido, pensante en demasía, y para nada impulsivo. Estoy lleno de miedos, de censuras, de prohibiciones. No me gusta arriesgar y jamás opto por blanco o negro. Mi vida está llena de grises y mis desiciones son, además de escasas, superfluas. Por cierto, en la mayoría de los casos trato de evitarlas. Estas son solo algunas de las características más significativas de mi persona y solo algunos de los motivos que representan mi caída al vacío. A lo largo de la edición de este mi libro más preciado, que conforma gran parte de lo frustrante que es mi existencia, he intentado enumerar con gran precisión, y creo que así lo he logrado, las propiedades que detallan en gran medida mi incompetencia e incapacidad como ser viviente de este mundo, mis constantes limitaciones. Incluso actualmente escribo el segundo tomo, de unas aproximadas 500 páginas. Aún así, siento, con tristeza y desazón, que todavía hay mucho más por ahondar en mí...
Espero haberlo ayudado a usted, señor léctor, a descubrirse, y así, juntos, a descubrirnos, y advertir aquellas cualidades que nos han facilitado alcanzar el fracaso y la hostia en un tiempo particularmente breve.
sábado, 7 de noviembre de 2009
Gol
La duda me sobreviene. Es sólo un instante. Tomo la pelota. ¿Decido patear o espero? La cabeza gacha, el arco en frente. La certeza, o quizás el presentimiento, no lo sé, de que un defensor se acerca desesperadamente a cerrar me invade casi inconscientemente. Una idea, una intención se aparece en mi mente, y la desición de llevarla a cabo es repentina: un movimiento tosco de piernas se sucede. El defensa milagrosamente ha pasado de largo. No hay habilidad sino simple frialdad. Ahora el arco vuelve a aparecer y las opciones se achican y aclaman todas al unísono una sóla palabra, un mismo objetivo: red. El arquero se vuelve mera figura, su remera amarilla resalta entre los tres palos; se acerca. Una última mirada a la pelota y la desición ya está tomada; el tiro, inevitable, ya es inminente. La cadera casi que se desubica, y la pierna realiza el largo y algo grosero movimiento e impacta con cara interna la sagrada pelota. El remate es cruzado, con dirección al lado del poste derecho del guarda metas. Pero ahora sí, un imprevisto se sucede. La bola, con fuerza, empieza a levantarse. Son sólo segundos. Las miradas, atónitas, expectantes, de jugadores y espectadores se concentran en un sólo recorrido. Mi figura se recompone, levanto la cabeza y casi de reojo miro el destino ya sentenciado del balón, esperando el final. El esférico toma altura y el ruido de su impacto con la red es estruendoso, seco. El arquero alcanza sólo a observar, impotente. Salgo despedido a un costado, cierro el puño y grito "Gol!". Luego hasta se suceden algunos abrazos y algunos besos, cariños del fútbol. El equipo vuelve a su campo y todo esto lo pienso y medito, todo hasta que el árbitro pita y la pelota vuelve a rodar. El partido se ha abierto y ahora las cosas están 1 a 0.
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